FRAGMENTO DE LA EXALTACIÓN DE LA SEMANA SANTA DE ARAHAL (LA MUDÁ)1998

S

e han apagado las luces, mi corazón llora de pena, rota quedó mi alma y la luna en llanto quiebra. La noche se viste de luto, en silencio las calles quedan, y en la vega los olivos, esquimos lloran de pena. Las estrellas en el cielo al aire plegarias rezan y los luceros se han fundido para ocultar su tristeza.

Las cigüeñas de negro visten, para ofrecerte su pena y una saeta quiebra al viento, sedienta de vida plena, los naranjos en la noche, perfuman de amor la tierra, y en silencio musitando los toques a duelo suenan, una amapola perdida, entre mares de trigo reza, por las llagas que la noche, a la luna sin más condena.

Los jazmines en los patios, derraman lágrimas sinceras, y la luz de la ciega noche, rompe el cristal de mis venas. Los caminos ya lejanos, se pierden por las veredas y las veletas en el cielo su rumbo perdido encuentran.

Y llegará la mañana, cuando la noche se pierda, y llorarán las campanas, sobre pañuelos de seda.

Y soñarán los tejados

y abrirá la flor primera,

y reirá la amapola,

y brotará la azucena,

y tronará los tambores,

y chillarás las cornetas,

y cantarán las cigarras,

y llorarán los poetas,

y volarán golondrinas,

y temblarán cielo y tierra,

y nacerán las semillas,

y volverán las cigüeñas,

y sonarán las ventanas,

y bajarán hasta la tierra, ángeles que con amor, llevarán la cruz de tu condena, y se abrirán los corazones, como el clavel en primavera y aliviaré tu caminar por los caminos y sendas.

Jesús con la Cruz a cuesta, Nazareno de verde olivar, déjame caminar contigo, para sentir en mi cuerpo el dolor de tu pisar, déjame secar tu sangre, déjame curar tu cuerpo y quitarte las espinas que te clavaron los cielos.

Déjame Señor, déjame ser tu Cirineo, para gritar con mi voz que fui tu pregonero, déjame Señor, llevarte hasta los cielos, entre versos y clamor, entre rimas y sonetos, déjame sentir tu caminar, déjame ser tu costalero y reír y llorar y contar al mundo entero, que la Madrugada del Viernes, caminé detrás de ti, desde la tierra hasta los cielos.

José Fernández Gamero

Exaltación de la Semana Santa de Arahal MUDÁ por MOISES RODRIGUEZ SABORIDO

Domingo de Ramos. Ilusión de los Niños

...

P

or ello, marcharemos a San Roque cada Domingo de Ramos, ajusticiados por el sol de la

tarde, que refleja en nuestras caras el amor de los cristianos. Y llegaremos a su casa con ramas de olivo en las manos, y lo aclamaremos como fue aclamado, y sentiremos la nostalgia del amor y de la Fe, que

en su corazón se encuentran bien hallados. Por ello marcharemos a San Roque para contemplar al

Dios hecho humano. Y lo veremos entre palmas, con el corazón entre las manos y rodeado de niños,

que se embarcan en la penitencia, sin tener más ilusión que salir de nazarenos y acompañar al amor de

Cristo. Así concebimos el Domingo de Ramos, con túnicas blancas almidonadas y el sentimiento de

unas niñas vestidas de hebrea con palmas en sus manos, que al igual que el Señor, sólo derrochan

amor, pero un amor disfrazado en la niñez de la vida que desborda simpatía en la tarde en la que

Jesús nos visita con el sol entre las manos.

Nunca tuvo el pregonero la ocasión de vestir túnica y antifaz blanco, para acompañar al

Señor. Pero si tuvo la oportunidad de ir tras de Él durante su niñez. Y es que aún recuerdo cuando

por primera vez, a la edad 7 años, me colocaba aquel traje de músico, que caracterizaba a la banda de

Nuestra Señora de la Victoria. Cordones rojos, uniforme azul marino y boina del mismo color,

acompañado en cada momento de mi querido primo Alejandro. Parece que fue ayer, cuando tuve la

oportunidad de acompañar al Señor aquel Domingo de Ramos. La percusión de mi tambor, su música

y el amor que derrochaban aquellos sones, la ilusión de un niño, que ante todo se sentía nazareno.

Es pues en la tarde del Domingo de Ramos, cuando el amor alcanza su mayor grado de

pureza, es en ese preciso instante cuando los niños y el Señor se sienten amados en su caminar

peregrino.

Y en el porche de San Roque, la ilusión del Nazareno en la niñez de la vida, que se mezcla

con el sol de la tarde ajusticiado por el clamor de todo un pueblo:

Y hasta San Roque iremos

en la tarde jubilosa

por un camino marcharemos

al olor del clavel rosa.

Tras el blanco nazareno

tras la hebrea que es niña hermosa

tras de un amor tan sereno

con la gracia caprichosa.

Y entre cirios encendíos

la vocación nazarena

en la tarde más serena

sus ojos quedan prendíos.

Sienten así la pureza

que bendito escalofrío

sentir como le rezan

entre risas y promesas

los chiquillos al señor,

surgiendo de su interior

como naranjos en flor

su oración llena de amor.

Y hasta San Roque regresan

entre regueros de cera

y las madres a su vera

sujetan el cirio y los llevan.

Atrás quedó la Corredera

y los sones que lejos suenan

hacen más bella la espera

de esta tarde en primavera.

Domingo lleno de amor

palmas y olivos su regazo

los niños con el Señor

siguen riendo a su paso.

Ya regresa el Salvador

a lomos de su pollino

ya se ve su canastilla

y el clamor de aquellos niños

que vienen por calle Sevilla.

Que sueño, que maravilla

el Señor y las chiquillas,

los chiquillos y el Señor

andando la misma senda

vienen derrochando Amor.

Moisés Rodríguez Saborido

Pregón de Sevilla 2001 por CARLOS HERRERA

AQUEL VIEJO COFRADE

L

a vida pasa como una lenta cofradía que siempre acaba siendo

más rápida de lo que creemos. El está sentado a la vera de la vieja

puerta caída de aquel zaguán en el que empezó a jugar a los

medios amores siendo sesenta años más joven. Cada Lunes Santo

sale religiosamente con su silla a contemplar la metáfora de la vida.

Desde la Cruz de Guía a la trasera del Palio, la vida nace y muere

como esa misma cofradía a la que ha dado los mejores años de su

fecundo calendario. El pelo amarillea y las monturas de pasta ocre

pesan en esa nariz aún sorprendida por los primeros azahares, solo

unas semanas atrás.

Brazos cruzados sobre el pecho, como esperando un reto; rebeca

porque "de estas tardes de abril nunca hay que fiarse" y la foto de

su nieto en la cartera poco antes de que cumpliera con el rito de su

primer cirio de cera blanca.

Ya llegó la Cruz de Guía:

-"Ahí no vayais a ponerse que no veo"

Y ese primer tramo de nazarenos en el que debutaste. Qué pocos

erais entonces. Piensas, una vez más, un año más, en el sagrado

rito de salir de casa de la mano de tu padre, por primera vez,

vestido de nazareno. Y piensas, inevitablemente, en los rubores de

emoción que él debió sentir aquella lejana tarde mientras tiraba de

ti para soltarte de los brazos de una madre que aún te estaba

estirando la túnica. En tu casa olía a alhucema, cisco de picón. En

tu calle, los niños de entonces disputaban los piojos y las bolas, en

el cielo aún no habían tranvías y Sevilla, en tu memoria, se parecía

mucho a una gota de miel, tibia y espesa, que se desliza

suavemente hasta el pecho.

Hoy en tu silla, esa desde la que pueden seguirse las costumbres

de los gorriones, te ves en tantos chiquillos que estrenan

impaciencia y que empiezan a tragarse, sin apenas darse cuenta, el

libro de reglas no escritas de su ciudad. Acabarás subiendo al

balcón, como cada año, cuando llegue ese otro tramo de tan

jugosos recuerdos, de cuando eras nazareno con novia y ya

portabas aquella humilde vara de cofradía de barrio. ¡Con lo que te

gusta a ti ver a tu Dolorosa desde ese perfil derecho, a ras de

suelo, como hay que ver a la Virgen!. Y otra vez a tragar Palio. Tu

quisieras pero tus piernas ya no están para una bulla.

Tu cofradía iba creciendo de noche en noche, limpiando la plata y

pespunteando cuaresmas. Sábado Santo aquél de Santo Entierro y

de Estandarte recogido en casa hasta llegar el Corpus. Empezaban

entonces las casas de Hermandad, tímidamente, según el poderío.

Vuestra Casa era la cochera de algún hermano o la misma Sacristía

de la Iglesia. Noches de tabaco de picadura liados con el mimo que

da la escasez; noches de Radio, noches de Cruz de Guía; noches de

horas y horas de tertulia,

-"Estas son horas de llegar, Antonio?",

-"Mujer si es que ha venido Don Gonzalo, el capellán del aire";

Noches de reparto de túnicas, así a ojo, en lo que no fallabas

nunca:

-"A ese niño tráele la 147"

Y le iba perfecta, luego a su casa a orearla y a que su madre le

cambiara la tela del antifaz "que nunca se sabe quien la llevaba el

año pasado"; noches de repasar las canastillas con purpurina;

noches de fiambreras de bacalao con tomate esperando en vísperas

que algún hermano llegara tarde al reparto. Noche y noches y

tardes y tardes. Tardes de zaguán y de costaleros que saben que

los zaguanes de Sevilla son los camerinos donde vestirse de

héroes.

-"Niña, ¿cuántos nazarenos dices que salen este año?" "¿Mil

setecientos?".

¡Madre del Amor Hermoso! Pues no nos hemos llegado a inventar

cosas para estirar la Cofradía.

Cuando eras Diputado de Cruz de Guía tenías que ponerte de

acuerdo con el Diputado Mayor de Gobierno si parabas la cruz en

esa calle a la altura de la primera cartelera del cine o de la última,

porque siempre le faltaban diez metros de cofradía junto al Palio.

Ese mismo Cristo que está anunciándose en los tambores que ya te

retumban en el pecho, es el Cristo de la fotografía de tu recibidor,

junto al viejo bastón que gastó tu padre y que has gastado tú,

sobre un jarrón con destellos rojos que nunca acaban de oler a

campo pero sí a nostalgia y junto a la misma silla que todos los

años conoce el camino de subida y de bajada. Conoces la mirada de

esos ojos porque es lo primero que has estado mirando toda tu

vida al entrar en casa, yendo o viniendo de aquél trabajo que hoy

te ha dejado una calderilla y la fotografía en colores del día de tu

jubilación. En el horizonte relampaguean los ojos de la tarde que al

apagarse dejan escuchar la voz antigua de los cielos de abril.

Realmente la casa no debería tener tantos espejos. Desde que

estáis solos no necesitáis veros más que el uno al otro. A veces la

vida te parece una cosa tan vana que hasta sientes deseos de ir

apagando las lámparas para que tus ojos descansen en la sombra.

El café siempre acaba derramándose en tus pantalones, algún

canalla aparta las paredes de casa para que no te apoyes y ya han

de decirte dos veces las cosas para que las oigas bien.

Sin embargo quisieras sacudirte el polvo de los días y bajar con

ellos a llenarte los ojos de lágrimas y los bolsillos de caramelos, a

sujetar tu antifaz con tu mano vigorosa, a mirar muchachas

agazapado en tu anonimato, a saludar discretamente con un gesto

de tu mano a los conocidos de la carrera oficial, a escuchar de

nuevo al Brigada Rafael, a mirar una y otra vez a esa Dolorosa que

obra el milagro serpenteante de una larga hilera de nazarenos...

¡Ay, si tuvieras cincuenta desengaños menos!

Y cuarenta madrugadas por vivir

Y a tu vera aquellos ojos tan morenos

Con hechuras de sirena

Que también vivía en San Gil

y se llamaba Macarena

Que contigo y tus anhelos

Andando en pos de los cielos

y con la misma exigencia

Año a año y a tu vera

Fue una mujer nazarena

Con solo una diferencia

No le hizo falta una túnica

Era de los dos la única

En creerse la penitencia

Y el tiempo os ha mantenido

Y os ha plateado la sien

Juntos, cómplices los dos

Tu en tu balcón, embebido

Y ella embebida también

Para dar gracias a Dios.

CARLOS HERRERA

Articulo Boletin Hermandad del Calvario (Sevilla)

ATU HIJO AÚN NO NACIDO, COSTALERO

Me dices que quieres que tu hijo sea costalero...

y yo te digo que le pidas a Dios que la primera llamada del martillo

que escuche para alzarse a la vida sean los dolores de parto.

Que, cuando abandone el templo maternal, tras su primera chicotá,

sea su madre al aguador que, con el jarrito de sus pechos,

colme su sed y le reconforte de su primer esfuerzo.

Tú, su padre, veterano costalero, hazle la cuna en el

hueco de tu costal, y de colchón tu negra

faja para que pueda descansar.

Cuando lo acojas en tus brazos ponte las

negras alpargatas de suela de esparto, para que el

rachear de tus pasos le sirva de sonajero que acalle

su llanto; mécelo al son de Campanilleros, una

saeta de nana, y seguro que el niño sueña con trabajaderas

y zambranas.

Susúrrale al oído, tú su padre, veterano en esas

lindes, el Credo del costalero. Dile cómo es ese

mundo vuestro, tras los faldones, dentro y fuera

del paso. Dile que si ha de ser costalero del paso

de nuestro Cristo que las levantás sean lentas, tan

lentas que duren una eternidad..., que las arriadas

sean tan suaves que más que poner los zancos en

el suelo parezca que es el suelo el que sube hacia

los zancos. Que su paso sea racheado, que nuestro

Cristo del Calvario más que muerto está dormido,

y se puede despertar.

Si ha de ser costalero del paso de palio, que las

levantás sean tan por igual, tan despacio, que las

caídas o bambalinas, como tú quieras llamarlas,

no rocen tan siquiera en el varal, que no le cimbree

la cera, que no se le mueva una flor, que

sobre sus hombros lleva a la Madre de Dios.

Que la lleve sobre sus pies con mimo y

con cuidado para que las lágrimas que

surcan sus mejillas no le resbalen de

ellas. Y si así fuera,

haga de su tosco y rudo costal un fino

y blanco pañuelo para poderlas enjuagar.

Dile que el costalero

de nuestra Hermandad es un nazareno más,

que cambia el capirote por el costal; por túnica

tiene el faldón, el cinturón de esparto es su negra

faja, y los respiraderos los ojos de su antifaz.

Dile, tu experiencia bien lo sabe, que el compañero

en el palo, sea patero o fijador, más que tu

amigo es tu hermano dentro y fuera del paso. Dile,

bueno, dile lo que yo no sé y tú si sabes para poder

ser costalero. Y con tu ejemplo y la ayuda de Dios,

el que aún no ha nacido será sin duda costalero.

Que el Santísimo Cristo del Calvario y la

Santísima Virgen de la Presentación os bendigan,

a ti, a él y a su madre, su primer aguador.

Que así sea.

Antonio de la Oliva Farfán

“VACIO EN EL CORAZÓN”


“Vacío en el corazón” estas palabras acompañaron a algunos de los costaleros del santísimo Cristo Yacente en la tarde noche del viernes santo, vacío al igual que el altar de San Roque, o como la ultima pareja de la sesión de palio que mas cerca va de ella, de la que fue y será tu señora. vacíos por que al llegar a la parroquia el viernes santo debido a las obras de san roque, no encontrábamos tu eterna sonrisa entre los que allí estábamos, al igual que el Nazareno no encontraría al que durante muchos años formo parte de la última pareja de la 4ª de palio. Esta semana santa será emotiva por no encontrarte en la “esquina mariano” esperando el paso de las cofradías así como por ver la cara de tu hermana llena de lagrimas viendo pasar a nuestros queridos titulares. Gracias por estar siempre ahí para tu hermandad y para la gente en general, así como por ser un amigo y un buen cofrade.
Que la “REINA DE SAN ROQUE” te tenga en su gloria.
Mi mas sincero abrazo a la familia de MANUEL AGUILAR.

Articulo Publicado "El Llamador" 2006

“DOMINGO DE RAMOS”

Sucedió no hace mucho, una mujer acudió a retirar dos papeletas de sitio de la Borriquita. Una con cirio, la otra sin nada.

Después de un rato, el Mayordomo consiguió que aquella mujer explicara para quién era esa papeleta huérfana de cirio o varita: para un pequeño que estaba en el cielo. La túnica de ese niño salió aquel año a los pies del Señor de la Sagrada Entrada.

La túnica reposa en el silencio del armario. Una tela que casi ha olvidado el pequeño volumen de quién tras ella se escondía.

Ha desaparecido la doblez de levantar el antifaz y de sujetárselo al rostro. Solo eso. Sobre la túnica hay unas manos, cada año algo más ancianas, hay una mente donde se guarda la imagen intacta, que retoma el nombre, la cara, su forma de hablar y responder, mientras pasa la plancha por un dobladillo inútil, porque los recuerdos no crecen.

Sabe que cuando él se fue, le dieron sitio preferente. Que desde entonces no le hacen falta ni cirios, ni varas, ni palmas. Va sobre el paso, haciendo sonar las campanillas, aupando a Zaqueo sobre la palmera, más cerca que nunca del que quería niños a su alrededor. Por eso ese paso es un jardín de Infancia.

Ella sabe que en estos días señalados, tiene forma de túnica la orilla de su ausencia, que también es la misma rivera de su presencia. Ahí arriba irá, para que la vista el viento y el aire que se cuela en cada lenvantá, echada bajo el que lleva las riendas de la vida y la muerte. Esta es la historia de la túnica de un nazareno de la Borriquita, que quiso estar cerca de El, cerca de un Dios que fue un niño.

Porque el Cristo del Amor no solo está crucificado, sino también a lomos de un burro como el de la Plaza de España.

Ahora, la túnica reposa en el silencio del armario, y está tan bien planchada que parece que hoy es Domingo de Ramos.



Boletín Año 2007 Hdad. Santo Entierro

“EL ALTAR VACIO”

Una de estas mañanas de Julio, en que temprano y antes de que el sol apriete, me gusta dar un paseo; al pasar cerca de San Roque, me quedo mirando las obras que se están realizando en la cubierta del Templo. Entiendo muy poco de cuestiones relacionadas con la albañilería, pero mirando todo el entorno de la Iglesia lleno de materiales, la grúa con su gigantesco brazo movible yendo de un lado para otro trasladando diversos tipos de materiales a la techumbre donde se está soldando una estructura nueva de viguetas de hierro, a todo lo largo y ancho del Templo, me convenzo que el asunto es de gran envergadura y su coste bastante elevado.

Le pregunto al que parece ser el Encargado de la Obra si puedo entrar a curiosear un poco lo que se está haciendo. Me dice que sí, y subo a la planta alta donde ya algunas dependencias se encuentran techadas. Al bajar, entro en el interior de la Iglesia, adonde no acudo desde el pasado Viernes Santo en que la Cofradía no efectuó su Estación de Penitencia, dadas las dudosas condiciones de seguridad meteorológicas que existían a la hora de comenzar la misma y los fuertes aguaceros que cayeron sobre las veintidós horas. Acertada decisión la tomada por la Junta de Gobierno.

La Iglesia estaba en penumbra, ya que los sitios por donde entra la luz en la misma no permiten que el sol produzca en su interior una fuerte claridad.

Dentro del Templo, un gran silencio. Altares vacíos. Bancos llenos de polvo. Herramientas y demás útiles de trabajo se encuentran esparcidos por el suelo. El Camarín de la Santísima Virgen y la urna del Santísimo Cristo Yacente, ubicados en el Altar Mayor, vacíos. Un extraño malestar te invade. Miro para uno y otro lado y no están ni Ella ni Él. La sensación que me embarga es muy rara. Mientras más me fijo en el Altar, más tiempo me parece que faltan de su Camarín y de su urna ELLOS...y no hace tanto tiempo, apenas dos meses.

Yo, un poco apartado de las cosas religiosas, no frecuento mucho (vamos a decir casi nada) el visitar a los Titulares de la Hermandad, a la que pertenezco, aunque me visto de nazareno todos los Viernes Santo. Alguna vez entro en la Iglesia cuando he pasado cerca de ella y se encuentra la puerta abierta.

En esta mañana calurosa del mes de Julio, al ver el Altar vacío, he quedado convencido de la soledad en que durante tantos días y tantos años se encuentran nuestro Cristo y nuestra Virgen. Una triste sensación y disgusto se hacen dueño de mí al ver el Camarín y la Urna vacías, sin ELLOS, y no me gusta.

Me pongo a pensar y me pregunto: ¿"Y cuando están ahí, por que no vengo a verlos"?... No percibo en mí ninguna respuesta: ¿"Por qué entonces me disgusto y casi me enfado al ver el Altar vacío"?. Algo en mi subcon­sciente parece que me dice: ¿"Te has disgustado y te sientes mal al no ver al que tú llamas tu Cristo y tu Virgen"?... ¿"Y Ellos como se sentirán cuando no te ven ni a ti ni a otros que sois Hermanos y Hermanas de la Hermandad, nada más que de año en año y solamente un día"?... ¿"Te parece bien este abandono tuyo"?. ¿"Te crees que es suficiente el mínimo sacrificio que haces el Viernes Santo, y ya está?: Te has casi enfadado y te has sentido mal al pensar que ELLOS se han ido y te han abandonado, cuando resulta que es al revés.

Deambulando un poco nervioso por el interior de la Iglesia, sorteando los objetos que hay en el suelo, me hago la promesa de cambiar. Esto no puede seguir así. Sé que el compromiso que conlleva ser cristiano es más exigente, pero voy a empezar por visitar con más frecuencia las Sagradas Imágenes de mi Hermandad. Voy a pedirles ayuda para ir cambiando en mi forma de ser. Integrarme más en la Hermandad, colaborar con ella, convencer a otros Hermanos que tienen la misma indiferencia que yo para que también cambien. A ver si comienzo por lo pronto en participar en la Santa Misa Dominical.

Cuando salía de San Roque llegué a la conclusión de que el Altar vacío me había hecho comprender que dentro de mí existía ya un gran vacío de indiferencia y pasividad en el orden religioso, bastante complicado por cierto, y que voy a tratar por todos los medios de eliminar.

También recordé que todavía no he contribuido a dar mi donativo para sufragar las obras que se están ejecutando en la Iglesia. Recuerdo haber recibido una carta de la Hermandad en que me lo pedían y me indicaban cuanto costaban las obras, que ascendían a una importante cantidad. Sin más demora, mañana mismo lo haré.

Un nazareno del Viernes Santo